La Iglesia celebraba ayer, viernes, la festividad litúrgica del beato de la localidad valenciana de Utiel, Francisco Gálvez, que fue quemado vivo en 1623 en Japón, por predicar el Evangelio.
En su localidad natal, Utiel, la iglesia de Santa Ana acogerá la celebración de una misa en honor del beato que fue oficiada a las 19 horas por el párroco y vicario episcopal, Agustín Alcayde.
Igualmente, tanto la misa de este viernes como el triduo que acoge el mismo templo esta semana, y que finalizaba el jueves, a las 19 horas, pudieron seguirse en directo y en diferido, a través del Facebook de la parroquia Asunción de Nuestra Señora (facebook.com/parroquiaUtiel/)
Gálvez, misionero franciscano, se introdujo en Japón disfrazado de esclavo para llegar a las primeras comunidades cristianas nativas en el país asiático y poder atenderlas espiritualmente a pesar de la prohibición imperial que castigaba esa acción con pena de muerte. Allí fue descubierto por las tropas del gobernador local, encarcelado y ejecutado al negarse a renunciar a su fe.
El beato Francisco Gálvez había nacido en Utiel en 1574 y con 24 años ingresó en el convento franciscano de San Juan de Ribera de Valencia. Ordenado sacerdote en 1601 se ofreció voluntario para marchar a las misiones y estuvo en México 8 años.
En 1609 pasó a Manila y en el convento de Dilao aprendió japonés. En 1612, fue a Japón donde pronto fue expulsado durante una persecución religiosa. De nuevo en Manila tradujo al japonés una explicación de la doctrina cristiana y tres volúmenes de vida de santos. Ya en 1618 consiguió entrar de nuevo en Japón disfrazado de esclavo negro, y mezclado con la tripulación de un buque mercante y tras descubierto cuando evangelizaba, fue encarcelado y quemado vivo por perseverar en la fe cristiana junto con otros 51 mártires en 1623.
Francisco Gálvez fue beatificado por el papa Pío IX el 7 de julio de 1868.