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martes, 7 de febrero de 2023

Una misión escondida: 150 años de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados

Fue el 27 de enero de 1873 cuando el sacerdote valenciano Saturnino López Novoa, con la ayuda y colaboración de Teresa Jornet, fundaba las Hermanitas de los Ancianos Desamparados en Barbastro, Huesca, para “amparar” a tantas personas mayores, pobres y abandonadas a sí mismas. Todo ello por la experiencia que vivió este sacerdote tras acoger a una anciana enferma, abandonada y que falleció cuidada y querida. La hoy Santa Teresa de Jesús Jornet llegó a Barbastro, acompañada de su hermana María y de la amiga de ambas, Mercedes Calzada, a unirse a las primeras aspirantes que, desde la tarde del 3 de octubre de 1872, dirigidas por D. Saturnino, comenzaban las primeras etapas de su formación. Pocos días después, Teresa fue nombrada superiora del grupo, y don Saturnino le entrega oficialmente las constituciones, que ella recibe como un designio de Dios. El 27 de enero de 1873, con la vestición del hábito de hermanitas de aquel grupo de 10 jóvenes en la iglesia del seminario de Barbastro, daba su primer paso oficial la nueva congregación.


Tras las primeras fundaciones de casas en España, en 1885 fundan el primer hogar en Cuba. En la actualidad son 204 los hogares en 19 países. Como cuentan ellas mismas, las últimas fundaciones han tenido lugar en Mozambique, Filipinas, Guatemala, Paraguay y El Salvador.

Una labor misionera escondida pero que no es sino la suma de innumerables encuentros con personas desamparadas a las que hacen llegar la misericordia de Dios. Ellas mismas reciben la ternura agradecida de Dios. Así lo muestra uno de los testimonios llegados a las Obras Misionales Pontificias de estas religiosas. Es el de la hermana Carmen Laguna, desde Bolivia:

“He vivido una experiencia reciente, muy fuerte con un ancianito que nos trajeron. Estaba en una población perteneciente a Cochabamba, en la calle totalmente abandonado, una señora al verlo le preguntó ¿qué hace aquí?, y le contestó: esperando a morir. Se lo llevó a casa, lo lavó, le dio de comer y lo llevó a Defensoría. Como estaba muy enfermo, los responsables de los adultos mayores lo llevaron al hospital y, al poco tiempo, nos lo trajeron al hogar.

En verdad que el Señor nos hizo ver su misericordia a través de este ancianito, qué capacidad de aceptación de su situación y limitación. Recibió la Santa Unción con mucha paz. Ahora, confiamos que ya goza de la presencia de Dios e intercede por los que todavía peregrinamos en esta tierra. Gracias, Padre, por escuchar la súplica de tus hijos y darnos un corazón para amar y unas manos para servir a nuestros hermanos. Hay muchos adultos mayores que no tienen ningún familiar, están inválidos, pero poseen lo más grande, la gratitud y un alma orante que se inmola día a día y está salvando a la humanidad. Cada día aprendo de los valores tan grandes que tienen nuestros mayores, la profundidad de su fe, la valentía de su esperanza y la sencillez de su amor”.

lunes, 6 de febrero de 2023

Encuentro de Empleados y Voluntarios de las Obras Misionales Pontificias

El 7 y 8 de febrero tendrá lugar en Madrid este tradicional encuentro organizado por las Obras Misionales Pontificias que busca ser un momento de formación, información y convivencia de quienes viven su día a día volcados en la animación misionera en las diócesis españolas. El tema de este encuentro es “Misión: memoria, herencia y promesa”, que quiere ser continuación del año 2022 que se vivió con la perspectiva de los centenarios que en él se vivieron y “A hombros de gigantes”. Se quiere abordar la historia de la misión como una herencia recibida: memoria (pasado), herencia (presente) y promesa (futuro). Todo ello bajo la inspiración de las palabras del Papa Francisco a este respecto: “No podemos perder la memoria de quienes nos han anunciado la fe”; “Cuando perdemos la memoria se agota la alegría”. “Sin memoria no hay estupor” ante las maravillas de Dios.

El martes 7 de febrero comenzará el encuentro, tras la acogida, con la intervención “América, la segunda evangelización”, a cargo Luis Antequera Becerra, escritor y divulgador de temas históricos, y director del programa “No es una semana cualquiera” de Radio María. Seguirá el testimonio de la Madre Belén Jiménez de los Galanes, carmelita descalza, con el tema “Vivir la misión desde la contemplación”.

Por la tarde seguirán los testimonios misioneros de la Misionera Comboniana María Dolores Cárdenas, del sacerdote de la Sociedad Misiones Africanas Saturnino Pasero y del Misionero Javeriano Carlos Collantes, presidente del SCAM. Tras los testimonios tendrá lugar la reunión por grupos centrada en la interacción entre la dirección nacional de las Obras Misionales Pontificias y las delegaciones diocesanas. La jornada concluirá con la Eucaristía.

El miércoles 8 de febrero comenzará con la aportación recogidas en la reunión por grupos de la tarde anterior. Después, la Jornada del Misionero Diocesano será el tema que aúne las aportaciones de tres diócesis españolas cuyas delegaciones de misiones viven de manera especial esta jornada: Orense, Pamplona y Toledo. Tras esta mesa redonda será el momento para la información práctica de las Obras Misionales Pontificias. La clausura correrá a cargo de Mons. Francisco Pérez, presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias.

Ese mismo miércoles 8 de febrero, a las 18:30h tendrá lugar el seminario de la Cátedra de Misionología de San Dámaso, a cargo del dominico Fray Miguel Ángel Medina Escudero, que versará sobre el papel de los laicos en la evangelización de América.

El programa del encuentro aquí.



jueves, 2 de febrero de 2023

Mensaje del Santo Padre Francisco para la Jornada Mundial de las Misiones 2023


Publicamos el Mensaje del Santo Padre Francisco para la 97ª Jornada Mundial de las Misiones que se celebrará el domingo 22 de octubre de 2023 sobre el tema “Corazones fervientes, pies en camino” (cf. Lc 24,13-35).

Queridos hermanos y hermanas:

Para la Jornada Mundial de las Misiones de este año he elegido un tema que se inspira en el relato de los discípulos de Emaús, en el Evangelio de Lucas (cf. 24,13-35): «Corazones fervientes, pies en camino». Aquellos dos discípulos estaban confundidos y desilusionados, pero el encuentro con Cristo en la Palabra y en el Pan partido encendió su entusiasmo para volver a ponerse en camino hacia Jerusalén y anunciar que el Señor había resucitado verdaderamente. En el relato evangélico, percibimos la trasformación de los discípulos a partir de algunas imágenes sugestivas: los corazones que arden cuando Jesús explica las Escrituras, los ojos abiertos al reconocerlo y, como culminación, los pies que se ponen en camino. Meditando sobre estos tres aspectos, que trazan el itinerario de los discípulos misioneros, podemos renovar nuestro celo por la evangelización en el mundo actual.

1. Corazones que ardían «mientras […] nos explicaba las Escrituras». En la misión, la Palabra de Dios ilumina y trasforma el corazón.

A lo largo del camino que va de Jerusalén a Emaús, los corazones de los dos discípulos estaban tristes —como se reflejaba en sus rostros— a causa de la muerte de Jesús, en quien habían creído (cf. v. 17). Ante el fracaso del Maestro crucificado, su esperanza de que Él fuese el Mesías se había derrumbado (cf. v. 21).

Entonces, «mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos» (v. 15). Como al inicio de la vocación de los discípulos, también ahora, en el momento de su desconcierto, el Señor toma la iniciativa de acercarse a los suyos y de caminar a su lado. En su gran misericordia, Él nunca se cansa de estar con nosotros; incluso a pesar de nuestros defectos, dudas, debilidades, cuando la tristeza y el pesimismo nos induzcan a ser «duros de entendimiento» (v. 25), gente de poca fe.

Hoy como entonces, el Señor resucitado es cercano a sus discípulos misioneros y camina con ellos, especialmente cuando se sienten perdidos, desanimados, amedrentados ante el misterio de la iniquidad que los rodea y los quiere sofocar. Por ello, «¡no nos dejemos robar la esperanza!» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 86). El Señor es más grande que nuestros problemas, sobre todo cuando los encontramos al anunciar el Evangelio al mundo, porque esta misión, después de todo, es suya y nosotros somos simplemente sus humildes colaboradores, “siervos inútiles” (cf. Lc 17,10).

Quiero expresar mi cercanía en Cristo a todos los misioneros y las misioneras del mundo, en particular a aquellos que atraviesan un momento difícil. El Señor resucitado, queridos hermanos y hermanas, está siempre con ustedes y ve su generosidad y sus sacrificios por la misión de evangelización en lugares lejanos. No todos los días de la vida resplandece el sol, pero acordémonos siempre de las palabras del Señor Jesús a sus amigos antes de la pasión: «En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo» (Jn 16,33).

Después de haber escuchado a los dos discípulos en el camino de Emaús, Jesús resucitado «comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él» (Lc 24,27). Y los corazones de los discípulos se encendieron, tal como después se confiarían el uno al otro: «¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» (v. 32). Jesús, efectivamente, es la Palabra viviente, la única que puede abrasar, iluminar y trasformar el corazón.

De ese modo comprendemos mejor la afirmación de san Jerónimo: «Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo» (Comentario al profeta Isaías, Prólogo). «Si el Señor no nos introduce es imposible comprender en profundidad la Sagrada Escritura, pero lo contrario también es cierto: sin la Sagrada Escritura, los acontecimientos de la misión de Jesús y de su Iglesia en el mundo permanecen indescifrables» (Carta ap. M.P. Aperuit illis, 1). Por ello, el conocimiento de la Escritura es importante para la vida del cristiano, y todavía más para el anuncio de Cristo y de su Evangelio. De lo contrario, ¿qué trasmitiríamos a los demás sino nuestras propias ideas y proyectos? Y un corazón frío, ¿sería capaz de encender el corazón de los demás?

Dejémonos entonces acompañar siempre por el Señor resucitado que nos explica el sentido de las Escrituras. Dejemos que Él encienda nuestro corazón, nos ilumine y nos trasforme, de modo que podamos anunciar al mundo su misterio de salvación con la fuerza y la sabiduría que vienen de su Espíritu.

2. Ojos que «se abrieron y lo reconocieron» al partir el pan. Jesús en la Eucaristía es el culmen y la fuente de la misión.

Los corazones fervientes por la Palabra de Dios empujaron a los discípulos de Emaús a pedir al misterioso viajero que permaneciese con ellos al caer la tarde. Y, alrededor de la mesa, sus ojos se abrieron y lo reconocieron cuando Él partió el pan. El elemento decisivo que abre los ojos de los discípulos es la secuencia de las acciones realizadas por Jesús: tomar el pan, bendecirlo, partirlo y dárselo a ellos. Son gestos ordinarios de un padre de familia judío, pero que, realizados por Jesucristo con la gracia del Espíritu Santo, renuevan ante los dos comensales el signo de la multiplicación de los panes y sobre todo el de la Eucaristía, sacramento del Sacrificio de la cruz. Pero precisamente en el momento en el que reconocen a Jesús como Aquel que parte el pan, «Él había desaparecido de su vista» (Lc 24,31). Este hecho da a entender una realidad esencial de nuestra fe: Cristo que parte el pan se convierte ahora en el Pan partido, compartido con los discípulos y por tanto consumido por ellos. Se hizo invisible, porque ahora ha entrado dentro de los corazones de los discípulos para encenderlos todavía más, impulsándolos a retomar el camino sin demora, para comunicar a todos la experiencia única del encuentro con el Resucitado. Así, Cristo resucitado es Aquel que parte el pan y al mismo tiempo es el Pan partido para nosotros. Y, por eso, cada discípulo misionero está llamado a ser, como Jesús y en Él, gracias a la acción del Espíritu Santo, aquel que parte el pan y aquel que es pan partido para el mundo.

A este respecto, es necesario recordar que un simple partir el pan material con los hambrientos en el nombre de Cristo es ya un acto cristiano misionero. Con mayor razón, partir el Pan eucarístico, que es Cristo mismo, es la acción misionera por excelencia, porque la Eucaristía es fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia.

Lo recordó el Papa Benedicto XVI: «No podemos guardar para nosotros el amor que celebramos en el Sacramento [de la Eucaristía]. Éste exige por su naturaleza que sea comunicado a todos. Lo que el mundo necesita es el amor de Dios, encontrar a Cristo y creer en Él. Por eso la Eucaristía no es sólo fuente y culmen de la vida de la Iglesia; lo es también de su misión: “Una Iglesia auténticamente eucarística es una Iglesia misionera”» (Exhort. ap. Sacramentum caritatis, 84).

Para dar fruto debemos permanecer unidos a Él (cf. Jn 15,4-9). Y esta unión se realiza a través de la oración diaria, en particular en la adoración, estando en silencio ante la presencia del Señor, que se queda con nosotros en la Eucaristía. El discípulo misionero, cultivando con amor esta comunión con Cristo, puede convertirse en un místico en acción. Que nuestro corazón anhele siempre la compañía de Jesús, suspirando la vehemente petición de los dos de Emaús, sobre todo cuando cae la noche: “¡Quédate con nosotros, Señor!” (cf. Lc 24,29).

3. Pies que se ponen en camino, con la alegría de anunciar a Cristo Resucitado. La eterna juventud de una Iglesia siempre en salida.

Después de que se les abrieron los ojos, reconociendo a Jesús «al partir el pan», los discípulos, sin demora, «se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén» (Lc 24,33). Este ir de prisa, para compartir con los demás la alegría del encuentro con el Señor, manifiesta que «la alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 1). No es posible encontrar verdaderamente a Jesús resucitado sin sentirse impulsados por el deseo de comunicarlo a todos. Por lo tanto, el primer y principal recurso de la misión lo constituyen aquellos que han reconocido a Cristo resucitado, en las Escrituras y en la Eucaristía, que llevan su fuego en el corazón y su luz en la mirada. Ellos pueden testimoniar la vida que no muere más, incluso en las situaciones más difíciles y en los momentos más oscuros.

La imagen de los “pies que se ponen en camino” nos recuerda una vez más la validez perenne de la misión ad gentes, la misión que el Señor resucitado dio a la Iglesia de evangelizar a cada persona y a cada pueblo hasta los confines de la tierra. Hoy más que nunca la humanidad, herida por tantas injusticias, divisiones y guerras, necesita la Buena Noticia de la paz y de la salvación en Cristo. Por tanto, aprovecho esta ocasión para reiterar que «todos tienen el derecho de recibir el Evangelio. Los cristianos tienen el deber de anunciarlo sin excluir a nadie, no como quien impone una nueva obligación, sino como quien comparte una alegría, señala un horizonte bello, ofrece un banquete deseable» (ibíd., 14). La conversión misionera sigue siendo el objetivo principal que debemos proponernos como individuos y como comunidades, porque «la salida misionera es el paradigma de toda obra de la Iglesia» (ibíd., 15).

Como afirma el apóstol Pablo, «el amor de Cristo nos apremia» (2 Co 5,14). Se trata aquí de un doble amor, el que Cristo tiene por nosotros, que atrae, inspira y suscita nuestro amor por Él. Y este amor es el que hace que la Iglesia en salida sea siempre joven, con todos sus miembros en misión para anunciar el Evangelio de Cristo, convencidos de que «Él murió por todos, a fin de que los que viven no vivan más para sí mismos, sino para aquel que murió y resucitó por ellos» (v. 15). Todos pueden contribuir a este movimiento misionero con la oración y la acción, con la ofrenda de dinero y de sacrificios, y con el propio testimonio. Las Obras Misioneras Pontificias son el instrumento privilegiado para favorecer esta cooperación misionera en el ámbito espiritual y material. Por esto la colecta de donaciones de la Jornada Mundial de las Misiones está dedicada a la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe.

La urgencia de la acción misionera de la Iglesia supone naturalmente una cooperación misionera cada vez más estrecha de todos sus miembros a todos los niveles. Este es un objetivo esencial en el itinerario sinodal que la Iglesia está recorriendo con las palabras clave comunión, participación y misión. Tal itinerario no es de ningún modo un replegarse de la Iglesia sobre sí misma, ni un proceso de sondeo popular para decidir, como se haría en un parlamento, qué es lo que hay que creer y practicar y qué no, según las preferencias humanas. Es más bien un ponerse en camino, como los discípulos de Emaús, escuchando al Señor resucitado que siempre sale a nuestro encuentro para explicarnos el sentido de la Escrituras y partir para nosotros el Pan, y así poder llevar adelante, con la fuerza del Espíritu Santo, su misión en el mundo.

Como aquellos dos discípulos «contaron a los otros lo que les había pasado por el camino» (Lc 24,35), también nuestro anuncio será una narración alegre de Cristo el Señor, de su vida, de su pasión, muerte y resurrección, de las maravillas que su amor ha realizado en nuestras vidas.

Pongámonos de nuevo en camino también nosotros, iluminados por el encuentro con el Resucitado y animados por su Espíritu. Salgamos con los corazones fervientes, los ojos abiertos, los pies en camino, para encender otros corazones con la Palabra de Dios, abrir los ojos de otros a Jesús Eucaristía, e invitar a todos a caminar juntos por el camino de la paz y de la salvación que Dios, en Cristo, ha dado a la humanidad.

Santa María del camino, Madre de los discípulos misioneros de Cristo y Reina de las misiones, ruega por nosotros.

Roma, San Juan de Letrán, 6 de enero de 2023, Solemnidad de la Epifanía del Señor.

Francisco

miércoles, 1 de febrero de 2023

"Evangelii Gaudium 2023", un ‘itinerario de formación misionera’ inspirado en la exhortación apostólica del Papa Francisco

Un "itinerario de formación misionera" en 10 etapas, construido siguiendo los caminos sugeridos por Evangelii Gaudium, la Exhortación Apostólica "sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual" promulgada por el Papa Francisco al inicio de su Pontificado. Esta es la iniciativa propuesta al mundo misionero y a todos los interesados ante el décimo aniversario del importante texto magisterial, que lleva fecha de 24 de noviembre de 2013. El curso "Evangelii Gaudium 2023" (así se titula la iniciativa) está promovido conjuntamente por la Pontificia Unión Misional (PUM), el Centro Internacional de Animación Misionera (CIAM) y el Secretariado Unitario de Animación Misionera (SUAM) del Lacio.La Exhortación Evangelii Gaudium fue promulgada por el Papa Francisco con la intención de sugerir a todos "una nueva etapa de evangelización" e "indicar las vías para el camino de la Iglesia en los próximos años" (EG, §1). En el 10º aniversario del texto papal, el itinerario de formación misionera "Evangelii Gaudium 2023" se dividirá en una serie de 10 sesiones, destinadas a presentar y compartir "reflexiones y testimonios" de todo el mundo "para vivir y transmitir la alegría del Evangelio".

Las 10 reuniones, con periodicidad mensual, tendrán lugar en italiano en Roma, en la sede del CIAM (Via Urbano VIII n°16), cada 24 del mes, a partir del martes 24 de enero, de 15.00 a 17.00 (hora local). Se podrá participar en las sesiones también a distancia, a través de la plataforma Zoom.

El primer encuentro de la serie, lleva por título "De la Evangelii Nuntiandi a la Evangelii Gaudium: el anuncio del Evangelio en el mundo actual y las vías para el camino de la Iglesia". Inaugura la sesión el padre Dinh Anh Nhue Nguyen OFMConv, Secretario General de la Pontificia Unión Misional (PUM), con una reflexión titulada "La alegría de vivir y de donar el Evangelio hoy. Una relectura de Evangelii Gaudium". A continuación, la hermana Maria Rosa Venturelli, del Instituto de las Hermanas Misioneras Combonianas (SMC), habla sobre el "camino de espiritualidad misionera en Evangelii Gaudium". El encuentro concluye con algunos testimonios de misioneros y misioneras de la Consolata presentes en Mongolia.

La participación al curso de formación misionero es gratuita. Para comunicar la participación "presencial" o para solicitar los datos de acceso para la participación en línea, es necesario enviar un correo electrónico a la dirección: pum@ppoomm.va


Agencia Fides

martes, 31 de enero de 2023

Se habla mucho de misión, pero necesitamos crecer en la práctica

Uno de los participantes en la I Experiencia Vocacional Misionera Nacional, celebrada del 5 al 17 de enero, fue Mons. Mauricio da Silva Jardim. El Obispo de la Diócesis de Rondonópolis-Guiratinga, comparte lo que vivió en estos días en que, junto con otros misioneros, visitó las comunidades del Área Misionera de Cacau Pirera, en la Archidiócesis de Manaos, "una experiencia de estar muy cerca de la gente".

Mons. Mauricio, que fue director nacional de las Obras Misionales Pontificias durante seis años, analizó la realidad de la misión en la Iglesia de Brasil y los retos que tiene que afrontar. Pero también reconoce que participar en esta experiencia plantea retos a su misión como obispo recién iniciada.


La misión siempre ha sido fundamental en su vida, usted fue misionero en África, durante 6 años fue director de las Obras Misionales Pontificias en Brasil antes de ser nombrado Obispo de la Diócesis de Rondonópolis-Guiratinga. ¿Cómo ve la realidad misionera de la Iglesia en Brasil?

En mi experiencia personal, la comprensión de la misión ha ido creciendo, no sólo en actividades, en uno u otro proyecto, sino en percibir y comprender que la misión es la naturaleza misma, la identidad misma de la Iglesia. La Iglesia existe para la misión, para ser una Iglesia en salida, misionera.

Como seminarista participé en el Congreso Misionero Latinoamericano en Belo Horizonte, y allí se me despertó cada vez más que yo, como bautizado, tenía que asumir la misión, estar cerca de la gente. Entendí que la misión es estar cerca de la gente, crear lo que dice el Papa de la cultura del encuentro, salir de nosotros mismos, ir a las periferias, estar cerca de la gente. Y esto lo estoy viviendo aquí en la Arquidiócesis de Manaos, una experiencia de estar muy cerca de la gente, entrar en las casas, sentarme con la gente sin prisas, escuchar lo que la gente aquí sufre mucho, tienen muchas dificultades sociales, una realidad muy violenta en las periferias.

Esto nos ayuda no sólo a reflexionar, sino a ponerlo en práctica. Lo he sentido en mi vida, en mi vocación, tanto en mi diócesis de origen, Porto Alegre, como después enviada por el Regional Sur 3 de la CNBB para una experiencia de tres años y medio en Mozambique, África. Todo esto es una gracia de Dios, Dios nos da la fuerza para no quedarnos quietos, para no volvernos complacientes.

Esta es nuestra tendencia personal, y la de la propia Iglesia, volvernos complacientes, en una zona de confort, pensando que todo está bien. Pero la misión nos hace ver que no está bien, que las comunidades han ido disminuyendo, que la realidad de la Iglesia en Brasil, en momentos de la historia, ha perdido ese ardor, ese corazón misionero. Veo un renacimiento, veo que esta conciencia misionera está creciendo.

Usted dice que esta conciencia misionera está creciendo. Brasil fue un país evangelizado durante muchos años por misioneros procedentes principalmente de Europa. La realidad ha cambiado y Brasil es un país que empieza a enviar misioneros a otros países y también a la Amazonía. ¿En qué medida esta I Experiencia Vocacional Misionera puede ayudar a los futuros sacerdotes a fomentar esta conciencia misionera en sus vidas y en la vida de sus Iglesias locales?

Soy consciente de que Brasil ha recibido muchos misioneros ad gentes a lo largo de su historia de evangelización. Y podemos percibir en la Amazonía, en el Nordeste y en otras regiones de Brasil que ha habido una gran contribución de misioneros que vinieron del exterior. Cuando vi esto me sentí llamado a ponerme a disposición para salir también, y por esta razón fui a Mozambique.

Y en las Obras Misionales Pontificias, que tienen como objetivo la promoción del espíritu misionero universal, me centré mucho en la cuestión de la misión ad gentes, en la que creo que la Iglesia en Brasil todavía puede crecer mucho. Ella que ha recibido, puede dar de su pobreza, como dice el Documento de Puebla, no esperar que aquí en Brasil haya un número suficiente de misioneros, sino enviar, no hay misión sin envío, sin salida. Hay una expresión interesante de un sacerdote que trabajó en las Obras Misionales Pontificias, que decía que han inventado los refrescos light, los dulces light, los cigarrillos sin nicotina, el café descafeinado, y ahora han inventado una misión sin salida.

Hablamos mucho de misión, también en la Iglesia de Brasil, pero necesitamos crecer en las prácticas, en el envío misionero. Por eso, en los últimos años se ha insistido mucho en el tema de la misión ad gentes. El tema del Congreso Misionero Nacional aquí en Manaos será este: "Ir de la Iglesia local hasta los confines del mundo". El sujeto de la misión es la Iglesia local, la diócesis, y abrirse a la universalidad de la misión.

En esto estamos dando algunos pasos y los futuros sacerdotes, en esta experiencia misionera también, ellos que han venido de todas partes de Brasil, la Amazonía también se considera un tipo de misión ad gentes. Es un territorio de misión universal, que reúne diversas culturas, diversos pueblos, y los seminaristas que vinieron aquí, creo que despertaron en ellos esta conciencia misionera. Y volverán a sus diócesis, a la universidad, a la academia, a la formación, llevando todo lo que vivieron aquí, en la Arquidiócesis de Manaos.

Estas experiencias misioneras, cuando una Iglesia local envía misioneros a otras regiones, a otros países, enriquecen sin duda la vida de la propia Iglesia. ¿Cómo pueden estas experiencias misioneras enriquecer la realidad de las Iglesias locales, de las que enviaron seminaristas para esta experiencia, de las que envían misioneros a la Amazonía o a otros países?

La Iglesia que envía a alguien es una Iglesia que se enriquece, porque enviar a alguien es expresión de una Iglesia misionera. Si la diócesis no envía a nadie, si no tiene proyectos de iglesias hermanas, si no tiene proyectos ad gentes, pierde su ardor, su fervor misionero. La Iglesia se enriquece en la medida en que envía, en que da de su pobreza. En Brasil hay más de 60 proyectos de iglesias hermanas y esto es una contribución muy grande.

Veo que la misión es dar y recibir, la Iglesia ofrece a alguien y cuando esta persona vuelve, creo que es importante volver después de un cierto tiempo, para decir lo que vivió en la experiencia misionera y contagiar a la gente de la Iglesia local que lo envió. Gana en vocaciones misioneras, gana en espíritu misionero, gana en la conciencia misionera de una Iglesia que no sólo habla de misión, sino que vive la misión como su propia naturaleza.

¿Qué se lleva después de estos días de experiencia misionera, de visitar comunidades, familias, aquí en la Arquidiócesis de Manaos, en el Área Misionera de Cacau Pirera?

Lo principal de esta experiencia son las visitas, el contacto con la gente. Esta proximidad es muy real, permaneciendo todo el día de casa en casa, al sol, bajo la lluvia, cruzando ríos, viendo iglesias flotantes. Pero para mí lo que queda es lo que escuché de la gente, la gente se sentó con nosotros y habló de lo que están enfrentando en sus familias, muy sorprendidos de ver que la Iglesia Católica se está acercando.

Una vez más, considero que la Iglesia debe tomar esta decisión. Lo que estamos viviendo aquí a nivel nacional, espero que también a nivel local, en mi Diócesis de Rondonópolis-Guiratinga, empezando por mí mismo, Obispo de la Diócesis, para visitar a la gente, para reducir el tiempo que tenemos para la burocracia, para las agendas ocupadas, para la parte administrativa, muchas reuniones. Pero que también consigamos, en medio de todo esto, tener contacto directo con la gente, especialmente con los más necesitados, los más pobres.

Aquí viví una semana en la que no tenía reuniones, en la que no tenía problemas con la administración, en la que mi tiempo estaba totalmente disponible para la gente. Tomaré esto, que es fundamental, la Iglesia existe para evangelizar, la misión de la Iglesia es evangelizar, y aquí hemos vivido esto, la evangelización. No somos nosotros los que comunicamos, sobre todo recibimos el Evangelio de la gente, la gente nos lo anuncia, es gente muy resistente, que transforma el sufrimiento en alegría, que transforma su sufrimiento en fuerza, especialmente las mujeres que coordinan las comunidades.

Hemos visto de dónde sacan estas mujeres tanta energía, tanta fuerza para ocuparse del hogar, de la familia, de la comunidad, del trabajo. Tomaré aquí el testimonio de muchos cristianos comprometidos y que son para nosotros un testimonio misionero.

lunes, 30 de enero de 2023

“Alegría, liberación, luz, sanación y asombro. Así se comunica a Jesús”

El Papa Francisco, en la audiencia general del pasado miércoles, ha continuado con sus catequesis, esta es la tercera, dedicadas a la pasión por la evangelización. Hoy se ha centrado en Jesús, modelo del anuncio. Se ha dejado guiar por el pasaje evangélico en el que Jesús lee al profeta Isaías en la sinagoga de Nazaret.

El mismo texto de Isaías contiene lo esencial de cuanto Jesús quiere decir de sí mismo, explicaba el Papa: “El Espíritu del Señor está sobre mí”, y después, “me ha ungido para llevar la buena nueva a los pobres”. Buena noticia, “no podemos hablar de Jesús sin alegría, porque la fe es una maravillosa historia de amor que compartir. Dar testimonio de Jesús, hacer algo por los demás en su nombre, es decir, entre las líneas de la vida, que has recibido un don tan hermoso que no se puede expresar con palabras”. En un segundo aspecto del texto de Isaías, Jesús dice que ha sido enviado “a pregonar la libertad a los cautivos”. No ha venido, “para imponer cargas, sino para quitarlas; traer paz, no traer culpa. Por supuesto, seguir a Jesús implica ascesis, implica sacrificios; después de todo, si cualquier cosa hermosa los requiere, ¡cuánto más la realidad decisiva de la vida! Pero quien da testimonio de Cristo muestra la belleza del destino, más que la fatiga del camino”. Por eso, añadía, “todo anuncio digno del Redentor debe comunicar liberación”.

El tercer aspecto que destacaba el Papa Francisco era el de “dar la vista a los ciegos” y llamaba la atención sobre el hecho de que, en toda la Biblia, antes de Cristo, no haya tenido lugar nunca la curación de un ciego. Es un “signo prometido que vendría con el Mesías”, porque “hay una salida a la luz, un renacimiento que se da sólo con Jesús”. Al Bautismo en la antigüedad se le llamaba “iluminación”, y la luz que se nos da es el ser hijos del Padre con el Hijo: “La vida ya no es un avanzar ciego hacia la nada, no: no es una cuestión de destino o de suerte. No es algo que dependa del azar o de los astros, ni siquiera de la salud o de la economía, no. La vida depende del amor, del amor del Padre, que cuida de nosotros, sus hijos amados. ¡Qué hermoso compartir esta luz con los demás!”.

El cuarto aspecto es la curación. La buena noticia es que el antiguo mal, el pecado, “que parece invencible, ya no tiene la última palabra. Puedo pecar porque soy débil. Cada uno de nosotros puede hacerlo, pero esta no es la última palabra. La última palabra es la mano extendida de Jesús que te levanta del pecado. Y padre, ¿cuándo sucede esto? ¿Una vez? ¿No dos? No. ¿Tres? No siempre. Cuando estás enfermo, el Señor siempre tiene una mano extendida”. Por eso, “acompañar a alguien a un encuentro con Jesús es llevarlo al médico del corazón, que alivia la vida”. Y agregaba el Papa: “Y quien cree en Jesús tiene precisamente esto para dar a los demás: el poder del perdón, que libera al alma de toda deuda. Hermanos, hermanas, no os olvidéis: Dios se olvida de todo”.

En el texto de Isaías se hace referencia, finalmente, al año de gracia, a un jubileo. Pero el jubileo del Señor no es un jubileo programado, “con Cristo la gracia que hace nueva la vida llega y asombra siempre. Cristo es el Jubileo de cada día, de cada hora, que se te acerca, para acariciarte, para perdonarte. Y el anuncio de Jesús debe traer siempre el asombro de la gracia. Este asombro… ‘No lo puedo creer, me ha perdonado, me ha perdonado’. ¡Pero qué grande es nuestro Dios! Porque no somos nosotros los que hacemos grandes cosas, sino que es la gracia del Señor que, incluso a través de nosotros, hace cosas impredecibles. Y estas son las sorpresas de Dios, Dios es un maestro de las sorpresas. Siempre nos sorprende, siempre nos espera”. Que Jesús, terminaba el Papa, “nos ayude a anunciarlo como Él quiere, comunicando alegría, liberación, luz, sanación y asombro. Así se comunica a Jesús”.



jueves, 26 de enero de 2023

Tríptico de Enfermos: nada podrá separarnos de Él

Ya está en manos de sus destinatarios el Tríptico de Enfermos de enero-febrero, que anima a sumarse a la labor evangelizadora de la Iglesia y de los misioneros, a través del ofrecimiento y la oración, la “primera obra misional”, como dice el Papa Francisco.

Para quien quiera bajarse el pdf de esta sencilla publicación lo puede hacer aquí, en la web de las Obras Misionales Pontificias. Lleva como título “Nada, ni siquiera el mal y la muerte podrá jamás separarnos de Él”. Contiene una pequeña reflexión, de cara a la Jornada del Enfermo del próximo 11 de febrero, día de la Virgen de Lourdes, centrada en el paralítico que hicieron bajar en una camilla desde el techo mientras Jesús predicaba en el interior de una casa. Acompaña a esta reflexión una intervención del Papa Francisco sobre el valor de la Unción de los Enfermos, como sacramento de la presencia de Jesús mismo, “que nos toma de la mano, nos acaricia como hacía con los enfermos y nos recuerda que le pertenecemos y que nada —ni siquiera el mal y la muerte— podrá jamás separarnos de Él”.

También se recoge el testimonio del misionero comboniano Giuseppe Ambrosoli, beatificado el pasado 20 de noviembre. Este misionero médico fundó el gran hospital de Kalongo, en el norte de Uganda. Para él el quirófano, no era sino la continuación del altar, y cómo en un momento de guerra civil en el país, en la homilía de una misa, mientras se oía el eco de disparos y bombas, les decía a sus enfermos: “¿En quién esperar, a quién volverse sino a ese Cristo que antes de nosotros sufrió injustamente la persecución y la muerte para salvarnos, y cuyo Sacrificio se renueva todavía hoy en ese altar?”.

La oración recogida en este tríptico, es una oración rusa de autor desconocido: “Perdónanos a todos, bendícenos a todos, ladrones y samaritanos, a los que caen en el camino y a los sacerdotes que pasan sin detenerse, a todos nuestros vecinos, a los verdugos y a las víctimas, a los que escuchan y a los que son malditos a los que se rebelan contra Ti y los que se inclinan ante tu amor. Llévanos a todos en Ti, Padre Santo y Justo”.


miércoles, 25 de enero de 2023

Grupo Tú Eres Misión: La Iglesia, misionera de Cristo, evangelizadora

 Oración inicial

 Ven, Espíritu Santo,
 inflama nuestro corazón
en las ansias redentoras
del corazón de Cristo.

Para que ofrezcamos
de veras nuestras personas y obras, 
en unión con Él
por la redención del mundo.

Señor mío y Dios mío Jesucristo:
por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón,
y me ofrezco contigo al Padre
en tu santo sacrificio del altar,
con mi oración y mi trabajo,
sufrimientos y alegría de hoy, 
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu reino.

Amén

Lectura: (1 Cor 12, 12-14. 18-22. 25-27)

Pues, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu. Pues el cuerpo no lo forma un solo miembro, sino muchos. Pues bien, Dios distribuyó cada uno de los miembros en el cuerpo como quiso. Si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Sin embargo, aunque es cierto que los miembros son muchos, el cuerpo es uno solo. El ojo no puede decir a la mano: «No te necesito»; y la cabeza no puede decir a los pies: «No os necesito». Sino todo lo contrario, los miembros que parecen más débiles son necesarios. para que así no haya división en el cuerpo, sino que más bien todos los miembros se preocupen por igual unos de otros. Y si un miembro sufre, todos sufren con él; si un miembro es honrado, todos se alegran con él. Pues bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro.


 

Los materiales anteriores nos han mostrado cómo Dios (unidad de personas –Padre, Hijo y Espíritu Santo–) no es un Dios solitario, sino que, viviendo profundas relaciones de amor, sale de sí mismo para llegar al mundo como “la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo”.

Así pues, esa donación a las personas, a partir de las misiones del Hijo y del Espíritu, se concreta principalmente a través de la Iglesia como prolongación suya. Desde esta perspectiva podemos comprender y seguir profundizando en la misión de la Iglesia, y por consiguiente, tu misión.

La Iglesia es comunidad formada por personas concretas, nombres y rostros conocidos, que viven su ser eclesial desde el conocimiento y reconocimiento de la misión que se les ha encomendado; es lo que los primeros cristianos experimentaban al sentirse “piedras vivas” que con su vida ayudaban (o entorpecían) en la tarea de su edificación permanente. De ello brotaba la invitación universal a nuevos miembros para formar parte de la Iglesia como Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu.

De esta manera, la vocación evangelizadora de la Iglesia, que brota de Dios, está en el origen de la vocación misionera de quienes son enviados a anunciar el Evangelio a quienes aún no conocen el amor de Dios (o creen conocerlo pero no lo han experimentado). Y toda historia de amor necesita contarse de modo permanente. Con ello, los misioneros, llamados por Dios para la misión evangelizadora, son enviados a lugares y ámbitos donde el Espíritu de Dios desea ser reconocido. Todos los bautizados han de estar dispuestos a ir a donde la Iglesia les envía.

Ante esta realidad, platéate, ¿está respondiendo la Iglesia, hoy y ahora, a la misión evangelizadora que ha recibido? ¿Cómo colaboras tú a ello?

 


El Pueblo de Dios, la ekklesía, está llamada a ser signo evidente del amor incondicional de Dios hacia la humanidad, pues es principio y germen del Reino de Dios (cf. LG 5); por eso urge a encarnarse en todas las culturas y pueblos, de modo preferente entre los más desfavorecidos. Los pobres son los preferidos y el mandamiento del amor se transforma en proyecto preferente para servir al mundo desde la misericordia y la caridad. ¡Es el mejor regalo que se puede ofrecer al mundo!

Y es que, la Iglesia debe comprenderse, experimentarse y mostrarse como comunión y sacramento universal de salvación. Quien, por tanto, es Iglesia, debe experimentar la misión como algo propio, aunque luego deban existir personas, carismas y estructuras específicamente misioneras, nacidas y sostenidas por el Espirutu Santo, verdadero protagonista de la misión. 

 

Reflexiona ahora sobre esta conciencia de Iglesia que debe inspirar tu vida de fe:

  1. San Pedro considera a los cristianos como “piedras vivas” de la Iglesia. ¿Qué significa esta imagen para ti como bautizado y miembro de la Iglesia? ¿Qué supone para los demás que un cristiano se autodestruya como piedra del edificio de la Iglesia?
  2. ¿Crees que cada Iglesia local tiene conciencia de ser fundada para la evangelización?
  3. ¿Qué aspectos creéis que se deben resaltar dentro de la Iglesia para que verdaderamente sea sacramento, Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu?
  4. ¿Por qué los misioneros suelen ser muy valorados en la sociedad, a diferencia del resto de los cristianos? ¿Te consideras misionero? ¿Los demás te consideran misionero?