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lunes, 14 de octubre de 2019

Entrevista a José Javier Travieso, obispo del vicariato apostólico de San José del Amazonas (Perú)


Camino de Roma para participar en el ‘Sínodo de la Amazonía’, José Javier Travieso, obispo del vicariato apostólico de San José del Amazonas, ha visitado estos días Valencia para encontrarse con el cardenal Antonio Cañizares y avanzar en la colaboración establecida entre ambas demarcaciones eclesiásticas. El de San José del Amazonas es, junto con el de Requena, uno de los dos vicariatos apostólicos peruanos asumidos recientemente por la archidiócesis de Valencia por expreso deseo del arzobispo Cañizares, con el fin de ayudar a aquella tierra de misión en su desarrollo pastoral.

A unos días de que comience esa Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la Región Panamazónica (se inicia este domingo, 6 de octubre, y se prolongará hasta el día 27), José Javier Travieso concedió esta entrevista a PARAULA, en la que habla de las expectativas generadas por esta importante convocatoria eclesial, así como de las esperanzas depositadas en la mano tendida de la diócesis valentina, de las necesidades más urgentes de su vicariato apostólico y del necesario equilibrio entre la inculturación del Evangelio y el mantenimiento de la identidad católica en la labor misionera.

– Como titular de uno de los vicariatos apostólicos de la cuenca amazónica, ¿qué representa para usted el Sínodo de los Obispos que desde este domingo va a centrar su mirada en esa región?
– Es una oportunidad para que se escuche la voz de aquellos hijos de Dios. Para ellos es importante comunicar lo que viven, lo que piensan, ser tenidos en cuenta. El papa Francisco nos ha pedido que escuchemos a todos, a todas las voces, porque no hay nadie que lo sepa todo, que tenga la solución definitiva. La vida es compartida, como la de Dios mismo, que es Trinidad. Y nosotros nos hemos reunido antes del Sínodo para prepararlo y ahora llevaremos las voces de aquellas comunidades para pedir a Dios que sea la suya la que nos guíe. Él habla en todos y de muchas formas. Unas veces proponiendo, otras criticando. Esto es importante porque si uno corre demasiado y no mira y nadie le advierte, puede caerse, así que también es necesaria la crítica constructiva. Todos nos necesitamos, y en el Sínodo trataremos de dialogar y de ofrecer a la Iglesia lo que pensamos. El Papa tomará lo que crea conveniente, dando voz unida a todos.

– ¿Cómo se han preparado en San José del Amazonas para la celebración del Sínodo?
– Hemos organizado este tiempo atrás muchos encuentros, diálogos, muchas voces que ahora tenemos que hacer presentes los obispos. Han intervenido muchas personas, no sólo misioneros, sino también animadores cristianos de las comunidades, hombres y mujeres de diferentes edades, jóvenes y algunos ancianitos. Recuerdo un encuentro en que un par de ancianitos de una comunidad indígena participaron con toda su alegría y esperanza. Venían ataviados con sus insignias de hombre y mujer, de matrimonio líder de una comunidad. Son muy importantes estos animadores laicos. Algunos de ellos llevan más de cuarenta años en esa tarea y hay incluso quien te dice: “… y lo seré hasta la muerte”.
Para poner en marcha todo ese diálogo del que hablo, se preparó un texto que era algo así como la motivación, algo así como planteamientos en los que fijarse, para partir de ellos y que se expresara todo lo que fuese necesario. A partir de ese texto y de sus cuestionarios se fueron desarrollando las distintas intervenciones, en las que se expresaba qué ocurre, qué vemos que está bien o que no está bien, qué esperamos, qué habría que hacer en la Amazonía.

– ¿Qué significa para el vicariato de San José del Amazonas que haya sido asumido por la archidiócesis de Valencia, que se quiera establecer esta relación de colaboración tan estrecha? ¿Y qué es lo que más necesitan ahora mismo allí de Valencia?
– Es un espaldarazo muy importante y por el que nos sentimos muy agradecidos. Es una colaboración que ya nos está llegando. Necesitamos oración y personas que estén dispuestas a ayudarnos sobre el terreno. Y en este mundo, todos lo que pateamos por esta tierra o bogamos por los ríos o vamos al mar que tenemos aquí cerquita precioso, necesitamos también dinero para vivir, trabajar, compartir… Para hacer la tarea de servicio de la Iglesia, los misioneros necesitan comer y acudir al médico cuando se necesita para poder seguir visitando por los ríos a aquellas gentes y acompañándoles en su peregrinaje. Es un territorio, además, muy extenso y con una gran parte de selva, no tenemos carreteras y, por tanto, hay que visitar las comunidades en barca. Para todo ello se necesita dinero. ¿Por qué no sale de la gente de allí? Pues porque de allí no puede salir. Primero por la situación generalizada de carestía o de tener lo básico para ir sobreviviendo. Y por otro lado, aquella es una Iglesia misionera, en formación, que todavía no tiene la cantidad ni la fuerza de vida eclesial que se necesitaría para que pudiéramos autoabastecernos. Dios dirá, pero esperamos que algún día, quien sea que lo vea, podamos salir también nosotros y apoyar a otros.
Hay un equipo de unos sesenta misioneros, laicos, laicas, religiosos, religiosas, sacerdotes –pocos– y este servidor como obispo. Algunos laicos son responsables de puestos de misión y de parroquias, entre ellos nativos de algunas de las comunidades indígenas de por allá. Recuerdo ahora uno que es un laico que tiene su hijito, simpatiquísimo, y que está al cargo de una parroquia para una inmensidad de río como el Putumayo, con doscientos kilómetros de extensión. En muchos de los dieciséis puestos de misión que hay necesitamos personas, sacerdotes, comunidades religiosas… y, como don Antonio y esta archidiócesis nos ofrece esa ayuda, por esto estoy aquí, agradecido y con mucha esperanza.

– ¿Hay previsión de incorporaciones próximas?
– Pasado el Sínodo, si Dios quiere vamos a volver a vernos con don Antonio para seguir conversando más de cerca aún, también posiblemente con quien pueda ir allá para colaborar ya directamente en la tarea misionera. Tenemos la esperanza de que así sea, porque lo necesitamos.

– ¿Cuál sería a su modo de ver la principal fortaleza y debilidad, material y espiritual, de las personas que habitan aquellas tierras?
– En San José del Amazonas hay doce pueblos indígenas. Son comunidades muy mermadas al menos en dos sentidos. Uno de ellos se debe a la situación que se vivió hace décadas con la extracción del caucho para las fábricas de Europa y América del Norte. Se les masacró como si fueran animales, hechos esclavos, sin misericordia, fallecían de inanición y trabajos forzados y se les mataba si querían escapar. Algunos descendientes de aquellos indígenas nos cuentan todavía todo el dolor de cómo se destruía y maltrataba a los pueblos y a la naturaleza. Y están mermados también por una serie de factores que se dan hoy en día. Por ejemplo, en un contexto en el que van penetrando cada vez más los medios de comunicación modernos, muchos de los hijos de estos pueblos se avergüenzan de su lengua y su cultura, mientras que otros quieren dar un paso adelante e integrarse en una universidad o en un ámbito laboral más allá de las costumbres de sus comunidades. Y en paralelo, hay un conglomerado de empresas, legales e ilegales, con negocios de explotación maderera, petrolera, del oro… Y hay también cultivo y comercio de droga con el que se está haciendo mucho daño. Algunos participan de todo ello y otros no. Evidentemente, el egoísmo o el vicio tienta a todos, a los de aquí y a los de allá. Por eso sigue siendo tan necesaria la presencia de Dios y sus dones de vida.
Al margen de esto, hay también un ‘bien vivir’ en estos pueblos, que también pueden enseñarnos mucho a nosotros. Las comunidades allí se saben y se entienden y quieren funcionar desde la armonía de una vida compartida entre los seres humanos, la naturaleza (con sus ríos, árboles, animales…) y su Creador. Así que su espiritualidad y la fórmula cultural de su forma de vida tiene mucho de rico, bueno y de enseñanza.

– ¿Qué efecto produce en aquellos pueblos el anuncio de la persona de Jesucristo?
– Pienso que con cada ser humano que nace comienza de algún modo todo de nuevo. Porque también él tiene que abrirse a la vida, encontrar a Dios, a sí mismo y a los demás. El don de Dios llega a las personas a través de la Iglesia de muchas formas: de palabra, de obra, en la comunidad, en la Eucaristía… Y esa siembra, también en la Amazonía, da diferente fruto, algunos mucho y otros no. De todo encontramos por allá. Cuando se produce ese encuentro entre el Dios vivo y la persona brotan maravillas, tanto allí como acá.

– Hay un cierto debate sobre los límites que debería tener en cuenta la Iglesia a la hora de evangelizar en zonas con costumbres tan propias como la de la Amazonía. Por un lado, existe lógicamente el ánimo de que la inculturación del Evangelio respete la cultura de esos pueblos; y por otro, hay también una convicción de que el contacto con esas culturas no habría de desfigurar la identidad cristiana del evangelizador y de su mensaje, que es precisamente lo que se pretendería compartir. Entre ambos polos surgen a veces tensiones, sobre todo cuando se enfatiza uno sólo de ellos. ¿Cuál es el equilibrio adecuado para usted?
– Todos debemos tener presente la necesidad de un equilibrio. Porque si alguien por hacerse muy de otros se olvida de quién es, entonces no hay nada que hacer, hemos perdido lo que somos. Y no se trata de perder lo que somos, sino de compartir desde las modalidades distintas de ser persona, familia, nación… la savia que nos viene del Señor para que llegue a todos pero no de la misma manera. Por si sirve como ejemplo, te diré que allí si los sacerdotes nos ponemos la capa pluvial, o incluso una casulla, nos derretiríamos de tal calor y humedad como hace. Ya sólo con ponernos el alba, rompemos a sudar. Así que la forma de celebrar por allá es la forma que tienen de vivir y expresar la vida que del Evangelio surge. Lo que importa es el Señor y la vida que da para todos. Hay formas de ser y estar de la Iglesia que tienen que ser las oportunas allá y que no tienen por qué ser necesariamente las de aquí. Unidad no es unicidad o simplicidad. En este sentido, no se trata de una cuestión de balanza mecánica ni de consensos oportunistas, sino de reconocer a Dios con nosotros para que desde Él brote la verdad, el amor y la justicia.

PARAULA

viernes, 11 de octubre de 2019

Carta del cardenal arzobispo de Valencia por este octubre misionero


Iniciamos el mes de octubre con un gran signo de esperanza: Santa Teresa del Niño Jesús. En ella, como una verdadera caricia de Dios, nos ofrece el camino sencillo por el que podemos caminar; un camino abierto a todos, posible a todos, el camino de la confianza de los hijos de Dios en el Padre de la misericordia, por el del abandono y consagración a Él, por el de la búsqueda de su rostro en todo y el del seguimiento de su rastro, por el camino de la caridad, y todo en ello, en orden a la misión. Dios nos dice a todos los que somos Iglesia, que seamos una Iglesia misionera, que vayamos a las misiones, que evangelicemos, que por estar en el corazón de Dios viviendo su amor, vayamos a donde están los hombres y les demos a conocer y gustar el amor inmenso con el que Dios nos ama. “La gran santa de los tiempos modernos” derrama una lluvia de flores de santidad, de fe en Dios, de iniciativas misioneras. ¡Un gran signo de esperanza!

El mes de octubre, mes del Domingo del Domund, de las misiones, mes misionero por decisión del Papa, se abre con la fiesta de la Patrona de las misiones; además, celebramos esta fiesta con el recuerdo poco tiempo después de la canonización de Santa Teresa de Calcuta, la gran misionera de la caridad; y celebraremos también la fiesta de Santa Teresa de Jesús, la gran renovadora de la Iglesia y tan preocupada por evangelizar la recién descubierta América. Podríamos seguir con otros signos que el señor nos ofrece en este mismísimo mes de octubre, por ejemplo a nuestro san Francisco de Borja, siervo de Dios, humilde, que sólo quiso servir al Señor que no muere, -también como General de los jesuitas impulsó mucho las misiones- o santo Tomás de Villanueva, el padre de los pobres, que tanto alentó la misión de los padres agustinos en Méjico, o al gran San Francisco de Asís, hermano universal de todos, evangelizador por excelencia, que nos muestra encarnadas en su persona las bienaventuranzas y que vive en la entera confianza en sólo Dios, o san Bruno, el santo del silencio que es elocuente palabra del sólo Dios, Dios o nada, o san Antonio María Claret, el santo misionero del siglo XIX de los pueblos cristianos con fe adormecida cuyo corazón ardía en evangelizar, o san Pedro de Alcántara, fiel hijo de san Francisco de Asís, que nos muestra el camino de la penitencia como camino de renovación y vitalidad cristiana … . Todo esto, para mí, es una gran llamada del Señor a nosotros, su Iglesia. No es casual esta coincidencia, tanta coincidencia, es providencial, y, como tal, debemos verla como un signo y una llamada de Dios a la Iglesia a ser misioneros todos, evangelizadores, alentados para hacer discípulos del Señor.

Santa Teresita es misionera, y Dios nos quiere una iglesia misionera, “en salida”, la llama el Papa Francisco. La pequeña santa de Lisieux es maestra del anuncio de la primera y de la nueva evangelización que empieza por el anuncio y testimonio gozoso del amor misericordioso y universal de Dios para todos sus hijos, al que ella mismo se ofreció como víctima de holocausto. Es este amor el alma de la misión; el amor que brota del «trato de amistad con Dios», continuado y sereno, y de la contemplación de «la santa Faz» de Jesucristo, en el que vemos y contemplamos el «rostro» de Dios, rico en misericordia y amor.

Santa Teresa del Niño Jesús, y los demás santos que he mencionado, nos animan a la misión aquí en estas tierras, y más allá, en las misiones, hasta todos los rincones de la tierra a los que somos llamados y enviados, mostrando la caridad el amor de Dios; su persona y su testimonio nos insta suave y sencillamente a tener confianza en la obra misionera de la Iglesia, que es su dicha y su identidad más profunda, porque en ella, joven y de tan pocos años, encontramos la animadora espiritual de la misión que contagia a todos el amor del Señor.
La pequeña y, al mismo tiempo, la gran Santa del Carmelo teresiano de Lisieux, fiel hija de su Santa Madre, desde el convento en una vida escondida con Cristo vivida en la contemplación y en las bienaventuranzas, comunica a la Iglesia y al mundo que Dios es Amor: como nos ha hecho una vez por todas e irrevocablemente el Hijo único y ha dado testimonio la Iglesia asentada en los apóstoles que «lo vieron y palparon».
Esa ha sido su vocación. Ese es el lugar que ella quiere ocupar en la Iglesia, el del amor; porque, como muy bien intuyó ella, la caridad es el «corazón» de la Iglesia. Y así lo comunica y lo grita a cada hombre: Está a la «mesa amarga» de los pecadores y de los incrédulos, y les comunica que Dios les quiere, que Cristo, amándolos hasta el extremo, ha venido, ha muerto, ha resucitado y está junto al Padre con las llagas y el costado abierto intercediendo por ellos -por todos los hombres- y enviándoles el Espíritu de la verdad que los hace libres con la libertad de los hijos de Dios. Santa Teresita ha comprendido que el Amor encierra todas las vocaciones, que el Amor es todo, que abraza todos los tiempos y lugares. La carmelita a la que algunos muros separaban del mundo y a la que una enfermedad ha consumado en joven edad, ha encontrado el centro de la Iglesia, el punto para elevar y renovar la humanidad en una acción apostólica y misionera sin límites, porque la entrega, el testimonio y la difusión del amor, en efecto, no tiene fin.

La joven hija de Santa Teresa de Jesús que, fiel a la Regla teresiana, no salió de su convento, ahora, en estos tiempos tan necesitados de misión, de una nueva evangelización, ilumina y va a todos los países para anunciar el Amor de Dios, su misericordia para los pecadores, y el camino de ser hijos, de hacerse y ser pequeños niños llenos de confianza en los brazos del Padre, y así derramar esa «lluvia de rosas» que ella ya predijo. Ella, maestra como niña pequeña de confianza en Dios, joven, contemplativa y misionera, santa y maravilla de la gracia y de la misericordia divina, nos guía y acompaña alentándonos a la interioridad y a la contemplación llevados de la mano de la Santísima Virgen María –estamos también en el mes del Santo Rosario, y a pocos días de la fiesta de Nuestra señora del Pilar-, en la que encontramos la gran Estrella de la Evangelización de todos los tiempos que nos entrega a su propio Hijo, fruto bendito de su vientre, al que los hombres esperan y está todo el amor y la esperanza que buscamos.

No es casual, además, que en Valencia comencemos este mes misionero en un convento de Carmelitas Descalzas ¿Quién no ve en todo ello lo que Dios nos está diciendo? ¿Quién no percibe que es el mismo mensaje, la misma llamada? ¿Por qué Dios nos insiste de este modo y nos apremia? ¿No será que el momento que vivimos es urgente y apremia?. Y añado un dato más, ¿quién no ve en la Jornada Mundial de la Juventud que se celebró hace unos meses en Panamá, en la que participaron con gozo y esperanza jóvenes de todo el mundo, “primavera de la Iglesia y de la humanidad”, otra llamada potente y vigorosa dirigida a todos a evangelizar, a llenar el mundo de esperanza y traer el Evangelio de la paz? Este encuentro con el Papa fue –conviene no olvidarlo- un acontecimiento de gracia, cuyos frutos Dios conoce; pero es, sin duda, no algo pasajero y efímero, sino un signo que permanece como llamada, como hito, a los jóvenes, y a todos, para seguir caminos que nos lleven con verdadero entusiasmo por el camino de una nueva evangelización, que, en el fondo, es el “camino” que Santa Teresita y los otros bienaventurados mencionados, siguieron, el de la confianza y el amor, el de las bienaventuranzas, el del sólo Dios.

Y no puedo olvidar, en modo alguno, que en este mes de octubre, inicié hace cinco años mi ministerio episcopal como Arzobispo de Valencia, por lo que doy gracias a Dios quien me envió aquí para servir y no ser servido, para evangelizar y dar la buena noticia a los pobres y a los que sufren, andan desalentados y necesitados de esperanza, mostrar la cercanía de Dios en su amor y misericordia, alentar, proteger y renovar con la fuerza del Evangelio la porción de la Iglesia que se me ha confiado, reunir a los hijos de Dios dispersos y fortalecer la comunión. Pidan por mí para sea ese pastor que Dios quiere conforme a su corazón, más aún, en este tiempo en que nos aprestamos a comenzar un Sínodo diocesano en Valencia para evangelizar y ser evangelizados el día, como señalé antes de Santa Teresa de Jesús, la gran santa reformadora y renovadora de la Iglesia, en el siglo XVI-XVII hasta hoy: que me deje ayudar por Él, que todos nos dejemos ayudar por Él y seamos evangelizadores, misioneros hasta los confines de la tierra. Recemos por la misión y las misiones.

jueves, 10 de octubre de 2019

"Que no se apague el fuego de la misión"


– “Ser fieles a la novedad del Espíritu es una gracia que debemos pedir en la oración. Que Él, que hace nuevas todas las cosas, nos dé su prudencia audaz, inspire nuestro Sínodo para renovar los caminos de la Iglesia en Amazonia, de modo que no se apague el fuego de la misión”. Es el llamamiento del Papa Francisco resonó en la Basílica del Vaticano ayer por la mañana, domingo 6 de octubre, durante la Misa que inauguró de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos sobre el tema “Amazonia: nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”. Junto con el Santo Padre 185 padres sinodales, de los cuales 113 proceden de la región panamazónica representando a los nueve estados de la Región (Brasil, Venezuela, Colombia, Ecuador, Bolivia, Perú, Guyana Francesa, la República Cooperativa de Guyana y Surinam).

El Santo Padre se inspiró en las palabras del apóstol Pablo, “el mayor misionero de la historia de la Iglesia, que nos ayuda a “hacer Sínodo”, a “caminar juntos”: “Lo que escribe Timoteo parece referido a nosotros, pastores al servicio del Pueblo de Dios”.

“Somos obispos porque hemos recibido un don de Dios. No hemos firmado un acuerdo, no nos han entregado un contrato de trabajo “en propia mano”, sino la imposición de manos sobre la cabeza, para ser también nosotros manos que se alzan para interceder y se extienden hacia los hermanos. Hemos recibido un don para ser dones. Un don no se compra, no se cambia y no se vende: se recibe y se regala. Si nos aprovechamos de él, si nos ponemos nosotros en el centro y no el don, dejamos de ser pastores y nos convertimos en funcionarios: hacemos del don una función y desaparece la gratuidad, así terminamos sirviéndonos de la Iglesia para servirnos a nosotros mismos. Nuestra vida, sin embargo, por el don recibido, es para servir”.

Recordó que, para ser fiel a la misión recibida, los obispos están llamados a “reavivar” el don de Dios”: “El fuego de Dios, como en el episodio de la zarza ardiente, arde pero no se consume. Es fuego de amor que ilumina, calienta y da vida, no fuego que se extiende y devora. Cuando los pueblos y las culturas se devoran sin amor y sin respeto, no es el fuego de Dios, sino del mundo. Y, sin embargo, cuántas veces el don de Dios no ha sido ofrecido sino impuesto, cuántas veces ha habido colonización en vez de evangelización. Dios nos guarde de la avidez de los nuevos colonialismos. El fuego aplicado por los intereses que destruyen, como el que recientemente ha devastado la Amazonia, no es el del Evangelio. El fuego de Dios es calor que atrae y reúne en unidad. Se alimenta con el compartir, no con los beneficios. El fuego devorador, en cambio, se extiende cuando se quieren sacar adelante solo las propias ideas, hacer el propio grupo, quemar lo diferente para uniformar todos y todo”. También el Papa habló sobre el testimonio: “el apóstol pide testimoniar el Evangelio, sufrir por el Evangelio, en una palabra, vivir por el Evangelio. El anuncio del Evangelio es el primer criterio para la vida de la Iglesia. Poco después Pablo escribe: «Pues yo estoy a punto de ser derramado en libación» (4,6). Anunciar el Evangelio es vivir el ofrecimiento, es testimoniar hasta el final, es hacerse todo para todos (cf. 1 Cor 9,22), es amar hasta el martirio”.

El Santo Padre concluyó su homilía invitando a mirar a Jesús Crucificado “al corazón traspasado por nosotros. Comencemos desde allí, porque desde allí ha brotado el don que nos ha generado; desde allí ha sido infundido el Espíritu Santo que renueva (cf. Jn 19,30). Desde allí sintámonos llamados, todos y cada uno, a dar la vida. Muchos hermanos y hermanas en Amazonia llevan cruces pesadas y esperan la consolación liberadora del Evangelio y la caricia de amor de la Iglesia. Por ellos, con ellos, caminemos juntos”.


Agencia Fides

miércoles, 9 de octubre de 2019

Vídeo #VeranoMisión 2020



El primer encuentro de Jóvenes Comprometidos con la Misión enmarcado en el MME, tendrá lugar el próximo domingo día 13 a las 18:00 en la sede de la Delegación de Misiones de la calle avellanas 22 -Valencia-, que resulta ser el primer encuentro formativo de los jóvenes que quieren vivir una experiencia de verano misionero el próximo verano de 2020, así como el primer encuentro de los jóvenes participantes en las experiencia misioneras del pasado verano. 

Por ello, para promocionar el mismo y para animar a más jóvenes a que puedan vivir una experiencia misionera que "le cambiará la vida", hemos lanzado un vídeo promocional en el que colaboran jóvenes que el pasado verano vivieron una experiencia de voluntariado misionero en distintos lugares. Estos son de distintas edades, lo que demuestra y quiere ejemplificar, que esta experiencia puede vivirla cualquier, sin importar la edad, pues todos estamos llamados a ser misioneros.

Encuéntralo en neustro canal de Youtube: https://youtu.be/N0EuqABmrO8

Puedes compartir el vídeo a través de redes sociales así como preguntarnos cualquier duda con respecto a estas experiencias de voluntariado misionero a través de nuestro email: misiones-valencia@omp.es, nuestras redes sociales: @valenciamision; o nuestros teléfonos: 644 757 662 o 96 392 24 12

martes, 8 de octubre de 2019

El testimonio de San Luis Bertrán en el día de su memoria

Con motivo de la segunda de las dimensiones que el Papa nos ha propuesto para vivir el MME, el Testimonio misionero, esta segunda semana de mes la estamos dedicando a los testimonios de misioneros valencianos, en lo que estamos publicando en nuestras redes sociales algunos vídeos con los testimonios de misioneros de nuestra diócesis o que misionan desde aquí. 

Hoy recogemos con especial alegría y relevancia, el testimonio de San Luis Bertrán. 

La diócesis de Valencia celebrará, mañana, martes, la festividad de San Luis Bertrán (1525 - 1581), dominico valenciano patrón de Colombia, donde estuvo siete años como misionero, y cuya casa natal se conserva en la capital valenciana, al igual que la habitación en la que falleció en otro edificio cercano, en la residencia sacerdotal que actualmente lleva su nombre.

De igual manera, tres parroquias valencianas tienen como titular a San Luis Bertrán, que también da nombre al Seminario Intermisional Colombiano de Bogotá.

En la parroquia de San Luis Bertrán de Torrent se celebrará mañana “una misa solemne en su honor, por la tarde a las 20 horas”, según ha confirmado el párroco, Jesús Rodríguez Camarena. Por su parte, tanto la parroquia dedicada al santo en la ciudad de Valencia como la de Torrent trasladan las fiestas al mes de julio y septiembre, respectivamente, “por la mayor afluencia de fieles”.

La celebración de San Luis Bertrán, cuya festividad litúrgica es el 9 de Octubre, se adelanta sin embargo al día 8, para no hacerla coincidir con el día de la Comunitat Valenciana, que se celebra en esta misma fecha, 9 de octubre.

Aparte de ser patrón de Colombia, el santo dominico valenciano es también patrón del Colegio de Notarios de Valencia junto a San Vicente Ferrer, con el que guardaba también parentesco, al ser la madre de San Luis sobrina del santo dominico valenciano.

Huellas del santo en Valencia, Buñol, Tormos y Albaida

La habitación en la que falleció el santo se conserva en la casa sacerdotal “San Luis Bertrán” de Valencia, ubicada en la calle Trinquete de Caballeros, antiguo hospital fundado en 1356 para sacerdotes, donde también se conserva una colección de azulejos del siglo XVIII que representan escenas de su vida y de su actividad misionera en América.

También en Valencia se conserva su casa natalicia en una plaza que lleva su nombre, donde hay una estatua dedicada a él, y muy próxima, en la parroquia de San Esteban, la pila donde recibió el bautismo, la misma en la que también fue bautizado San Vicente Ferrer.

Según la tradición, el santo, que ingresó a los 18 años en el convento de los dominicos de Valencia, iba habitualmente a una fuente a pasear y convirtió su agua amarga en agua de manantial, hecho que hizo que en la zona creciera una gran devoción y se le dedicó una ermita, que hoy es su parroquia, y de ahí el nombre del actual barrio valenciano de la Fonteta de San Luis. 

En el mes de julio este barrio celebra las fiestas en honor a su patrón, al que conmemora desde el siglo XVII, con una misa y procesión nocturna con la imagen que se venera en la parroquia de la que es titular.

Además, en Valencia existen más referencias al santo en los conventos de Santo Domingo y de Predicadores, en el Puente de la Trinidad y en la Catedral, entre otros. También es titular de una parroquia en Torrent, donde iba a predicar, y de otra en la localidad alicantina de Tormos, que pertenece a la diócesis de Valencia, y es patrón de Buñol, que le dedica sus fiestas en agosto y cuenta con una ermita dedicada a él.

También en la parroquia de Albaida hay una imagen dedicada al santo con un crucifijo, a sus pies, ante el que rezaba, y el reloj de arena que usaba en la oración, y en los lunetos de la iglesia hay tres momentos de su paso por la localidad pintados por José Segrelles.

San Luis Bertrán fue canonizado por el papa Clemente X en el año 1691, estuvo siete años como misionero en Nueva Granada, actual Colombia, país en el que hay colegios y parroquias con su nombre, y a su regreso fue prior del desaparecido convento de San Onofre de Museros, de donde es patrón y donde hay una imagen suya en el retablo de la iglesia parroquia.
AVAN

lunes, 7 de octubre de 2019

Concurso "Comunica el Evangelio"

Desde hoy hasta el día 14 lanzamos el concurso en el que todo el mundo puede participar. Desde el bautismo estamos llamados a evangelizar, a ser misioneros.


Por ello queremos conocer las mejores FRASES para hacerlo. La frase no puede superar los 200 caracteres con espacios y deberá venir acompañada del nombre, edad y lugar de procedencia (ciudad, colegio/parroquia). Además, la frase no podrá contener citas textuales de la Biblia, sino que tendrá que ser en palabras propias. Para ello, hemos creado dos categorías que recibirán los siguientes premios:


- Hasta 14 años, cuyos primeros cinco clasificados obtendrán una suscripción gratis a la revista Gesto por un año. El primer clasificado será becado para participar gratis del campamento de Infancia Misionera que tendrá lugar los próximos 29 de febrero y 1 de marzo, del que ya adelantaremos más información.

- Hasta 20 años, cuyos primeros cinco clasificados obtendrán una suscripción gratis a la revista Super Gesto por un año. El primer clasificado será becado para participar gratis en el Encuentro nacional de jóvenes en Madrid del 24 al 26 de abril.

- A partir de 21 años, cuyos primeros cinco clasificados obtendrán una suscripción gratis a la revista Valencia Misionera durante un año. El primer clasificado será el ganador de un paquete misionero: rosario, libro "Una misión con Carisma de OMP", y la participación gratis en la Jornada de Valencia Misionera del próximo 27 de junio.

Podéis enviarnos vuestras respuestas a través de nuestro e-mail: misiones-valencia@omp.es y de nuestras redes sociales @valenciamision.

Los resultados del concurso saldrán publicados en la Hoja Misionera del mes de Noviembre.

Esperamos vuestras respuestas. ¡Anímate y comunica la alegría del Evangelio!

domingo, 6 de octubre de 2019

¿Por qué el Amazonas necesita un sínodo?


"El próximo Sínodo de los obispos sobre la Amazonía, que se celebra en Roma desde hoy 6 al 27 de octubre de 2019, tiene por tema: «Nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral». Examinará aspectos muy importantes para «toda persona que habita este planeta», como ha escrito el papa Francisco en la introducción de su Encíclica Laudato si’. “¿Por qué el Amazonía es tan importante para dedicarle un Sínodo? ¿Qué es la «ecología integral»? ¿Cuáles podrían ser esos «nuevos caminos» para la Iglesia? ¿De qué se trata un sínodo?”: son las preguntas a las que responden el cardenal nombrado por el Papa Francisco Michael Czerny S.J. y Mons. David Martínez de Aguirre Guinea O.P, ambos secretarios especiales del Sínodo, que asistirán al orador general, el cardenal brasileño Cláudio Hummes, en un extenso artículo publicado por “La Civiltà Cattolica” en cinco idiomas

El pontificado de Francisco – leemos – ha resaltado el desafío del Amazonas para la Iglesia, y eso está provocando una rápida reacción en varias congregaciones religiosas que están retornando, repensando o reorientando su misión en el territorio. El Sínodo quiere responder al reto de Aparecida de relanzar con «fidelidad y audacia» la misión de la Iglesia en la Amazonía. Se precisa que asumamos la importancia de nuestra presencia en este territorio tan especial, y a la vez que captemos la singularidad del modo de evangelizar que este territorio requiere.
El Sínodo ayudará a asumir nuestra identidad Amazónica

La Iglesia adquiere un rostro Amazónico a través de la participación de la gran diversidad de pueblos que la habitan. No solo de aquellos originarios que habitaron y cuidaron el territorio durante milenios sino de cuantos otros rostros han llegado y se han ido sumando. Estos últimos, muchos de ellos fieles católicos, están especialmente llamados a sentirse parte de la Amazonía, a respetarla y a identificarse con ella.

El Sínodo ayudará a asumir a todos, pueblos originarios, ribereños, afrodescendientes, mestizos, migrantes andinos y habitantes de la ciudad, nuestra identidad Amazónica, y a encontrar una estructura eclesial que permita un estatuto propio para adecuarse a las exigencias pastorales específicas de la misma.
Profundizar el proceso de inculturación

Nuevos caminos para la Iglesia significa también profundizar el «proceso de inculturación» (EG 126) y la interculturalidad (cf. LS 63, 143 146). Es importante que los pueblos originarios se «adueñen» de la Iglesia. Ellos son sujetos activos de la evangelización (no solo objeto) y por lo tanto, quienes deben hacer el proceso de inculturación. El misionero debe asumir el rol secundario que le otorga su provisionalidad para dar prioridad al protagonismo que debe tener la comunidad indígena evangelizada.

La Iglesia Católica todavía mantiene el gran desafío de que los pueblos originarios amazónicos se sientan parte de ella y aporten desde su riqueza espiritual el resplandor de Cristo que brilla en sus culturas. Esta actitud desacomplejada y decidida de la Iglesia no anula el diálogo interreligioso con quienes no acepten a Jesucristo.
Desafío de una «pastoral de la presencia»

El Instrumentum Laboris deja manifiesta la complejidad de la obra de la Iglesia en la Amazonía. Sus grandes distancias, la diversidad cultural, la escasez de sacerdotes obligan a la Iglesia a dar respuestas pastorales audaces y efectivas. Los padres sinodales y los otros participantes tendrán que responder al desafío de pasar de una «pastoral de la visita» a una «pastoral de la presencia». Para dar este importante paso se necesita un planteamiento sobre los ministerios pastorales y servicios en las comunidades. Por un lado, será una oportunidad para seguir implementando el Concilio Vaticano II y explotar las posibilidades que este abre para que los pastores puedan dar respuestas efectivas a las necesidades ministeriales de sus Iglesias locales. Por otro lado, se tendrá que ver qué novedades pastorales aporta para poder asegurar la presencia de ministros de los sacramentos en cada comunidad. En este sentido, el ministro de la Eucaristía adquiere una relevancia especial en cuanto que «la Iglesia vive de la Eucaristía y la Eucaristía edifica la Iglesia».
Valentía y pasión para hacer propuestas audaces

Esto exige propuestas «audaces» de la Iglesia en la Amazonía, que presupone valentía y pasión, como nos pide el papa Francisco (cf. IL 106). El Pontífice nos ha llamado a un compromiso audaz con las condiciones contemporáneas, muy específicamente en Laudato si’, más ampliamente en Evangelii Gaudium y Gaudete et Exsultate, y con especial sensibilidad a los anhelos humanos en Amoris Laetitia. Estos documentos ayudan a aclarar qué es pastoral para los líderes eclesiales, los miembros de la iglesia y otras personas en el Amazonas.
Nuevos caminos proféticos en el Amazonas

La grandeza y la estabilidad del magisterio no deben distraer a la Iglesia de abordar necesidades únicas de manera apropiada. «Una medida no sirve para todos», y en esta región, en este momento, el desafío es ser Iglesia con rostro amazónico e indígena (cf. IL 107-111, 115-116).

Es este el propósito del próximo sínodo, «buscar nuevos caminos proféticos en el Amazonas» para la Iglesia y para la ecología integral.

La región amazónica es tan enorme e inmensa como sus desafíos. Si se destruye, los impactos se sentirán en todo el mundo. Para la gente de ese territorio, el Amazonas es su hogar en el sentido más completo del término; así que «es necesario trabajar para hacer de Amazonas un hogar para todos y que merezca el cuidado de todos» . (Extracto del artículo "Por qué el amazonas amerita un sínodo", publicado por La Civiltà Cattolica)."  [Extraído de Alfa y Omega]

En nuestra diócesis de Valencia, en 2017, se adquirió el compromiso de ayudar a los Vicariatos Apostólicos de Requena y San José de la Amazonía peruana. Por ello, queremos hacer especial hincapié durante este mes de octubre, durante el sínodo amazónico, que coincide con el Mes Misionero Extraordinario, para que la dimensión misionera de nuestra diócesis despierte de veras y trabaje por prestar la ayuda prometida a nuestros hermanos peruanos, así como al resto de hermanos necesitados de todo el mundo.  

viernes, 4 de octubre de 2019

Vigilia de oración de jóvenes en el marco del MME


La Basílica de la Virgen de los Desamparados de Valencia reanudará este próximo viernes, 4 de octubre, las vigilias mensuales de oración con jóvenes de la diócesis con el primer encuentro del curso en el que presentará la programación de actividades para 2019-2020.

La vigilia de este viernes, que se celebrará a las 22 horas, “se centrará en la misión y en la labor de los misioneros”, según informa delegación diocesana para la Infancia y la Juventud del Arzobispado. Así, intervendrán las misioneras y los jóvenes del Verbum Dei en los coros.

Igualmente, este primer encuentro, que contará con la colaboración de la Delegación de Misiones Valencia, se unirá al Mes Misionero Extraordinario (MME) -convocado para Octubre por el papa Francisco. “Con él, el Santo Padre quiere despertar la conciencia de la misión ad gentes y retomar con nuevo impulso la responsabilidad de proclamar el Evangelio de todos los bautizados”.

De esta manera, los jóvenes valencianos que han ayudado a los misioneros valencianos en países como Perú, Mozambique, República Dominicana, Honduras, Ecuador o Cuba “están invitados a participar en esta vigilia y aportar su testimonio de fe”.

De igual manera, en esta primera jornada, se recordará a los jóvenes las iniciativas diocesanas en las que pueden participar como “Jóvenes que dejan huella” en la que cada jueves, en la iglesia de San Lorenzo, se ofrece acompañamiento espiritual, espacios de oración, confesiones, adoración al Santísimo y la celebración de la eucaristía.

AVAN