lunes, 6 de julio de 2015

Noticias Misioneras Ana Porsper desde Kenia

Mi nombre es Ana Prósper. Soy de Valencia, de la parroquia de Sto Tomás, donde –desde los 14 años- sigo un camino de formación en la fe en una comunidad Neocatecumenal.
De profesión soy física y trabajé como tal de los 22 a los 30 años. Me gustaba mi profesión y deseaba casarme y tener muchos hijos, pero el Señor tenía otros planes para mi y poco a poco me lo fue haciendo saber con acontecimientos concretos y signos que me llevaron a descubrir que me quería para El, que me llamaba a vivir en virginidad y para servir a la Iglesia.

Esta llamada –al principio rechazada por mi- fue madurando hasta que gozosamente, en el año 91, con 31 años, fui enviada por mi Obispo, (siempre a través del Camino Neocatecumenal), para hacer una misión de evangelización en un barrio periférico de Caracas, Venezuela, donde ni la policía se atrevía a entrar. Estuve allí dos años. Luego me enviaron a Filipinas, donde estuve 5 años, y ahora, desde hace ya 17 años, estoy en un equipo de evangelización en Kenia y Tanzania, en África.

La imagen africana que con frecuencia se nos presenta en los medios: países subdesarrollados, niños pobres y mal vestidos, inmensos barrios de chabolas,...,etc, es en parte real, pero muy reducida. La realidad africana es riquísima y compleja. Los países entre sí son tan diferentes como puedan serlo en Europa España de Suecia.
Tuve mi primer contacto con la sociedad africana hace mucho tiempo, a los 25 años, cuando la empresa de geofísica para la que trabajaba, me envió por un breve tiempo a Nairobi en Kenia. La primera cosa que me llamó la atención fue la explosión de vida, en las calles y en los campos, y el amor por la vida de sus moradores.

Podría hablar de tantas cosas..., pero quiero hacer notar una en particular y es la situación actual de las grandes ciudades, donde conviven y se entrecruzan la modernidad y la vida arcaica. La mayor parte de nuestros jóvenes en Kenia y en Tanzania manejan con destreza internet, el móvil, el whatsapp, la tablet,.... Por el fenómeno de la globalización, su forma de pensar, de  vestir, de vivir, es cada vez más similar a la de los jóvenes europeos o americanos, según sus posibilidades. Junto a ellos está la abuelita en casa, que sigue viviendo como lo hacían sus antepasados hace 200 años. Hay entre ellos quien viaja con frecuencia en avión y quién no ha subido nunca en un ascensor. Es una sociedad de grandes contrastes y a veces también confusión y desconcierto.
Nuestra misión en  concreto en medio de esta situación, es intentar que los valores cristianos penetren en la forma de vivir de las personas. Para ello formamos pequeñas comunidades en las parroquias donde intentamos transmitir lo que nosotros mismos hemos recibido de la Iglesia.
Vivimos acogidos por la gente para la que trabajamos, sin ningún sueldo o asignación. Nuestra vida no siempre es fácil, pero doy gracias a Dios que me concede ser espectadora de su poder en estas personas. Me consuela mucho ver cómo las familias son reconstruidas y empiezan a vivir como familias cristianas, en las que el eje es el amor y no el dinero;  cómo la gente sale de la trampa de la brujería y la superstición que les ha obligado a vivir en el miedo; cómo nuestros jóvenes aprenden a discernir y seleccionar en la cultura actual lo que les puede ayudar a vivir y lo que les lleva a la destrucción, cómo muchos de ellos renuncian a emigrar porque ya no les hace falta, habiendo encontrado en ellos mismos lo que necesitan.

“El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace  del Espíritu” (Jn 3, 8). Desde el día que acepté ponerme en Sus manos, mi vida se convirtió en una apasionante aventura.